Los Camorchos, un tesoro en la cabeza de un alfiler

El profesor Antonio Guillén, Doctor en Biología, catedrático de Ciencias Naturales, colaborador activo de la plataforma Biodiversidad Virtual y amante de nuestro municipio, nos regaló este delicioso texto en el pasado 2 de febrero, día mundial de los humedales.

El texto, pedido al autor por Antonio Ordóñez, miembro de la Asociación Cultural El Ponderal y promotor de la plataforma Biodiversidad Virtual, ha sido una sorpresa para todos los que lo hemos leído. Ahora aprovechamos la oportunidad de divulgarlo.


LOS CAMORCHOS, UN TESORO EN LA CABEZA DE UN ALFILER

Profesor Antonio Guillén

eurastrumPor los campos de Hoyo de Manzanares, entre encinas y granitos se encuentra un gran tesoro que poca gente conoce, cualquier pequeña parte de él ocuparía menos volumen del que pudiera caber en la cabeza de un alfiler y encierra historias inimaginables de seres de los que no se habla en ningún cuento, ni a los que nadie se ha referido en ninguna leyenda a pesar de su misterio y su belleza extraordinaria. Unos vuelan como dragones o corretean como ningún otro lo ha hecho, muchos viven de la luz y la reflejan en astasiasus formas como estrellas, otros deambulan como fantasmas cambiando de forma en cada momento, algunos asemejan sistemas planetarios de colores jamás vistos y todos y cada uno son joyas y al mismo tiempo un tesoro.

Entre encinas y granitos se esconde un tesoro líquido junto a Hoyo de Manzanares, no es oro negro…ni tampoco blanco, es de agua, a veces transparente, profunda y fría y está llena de vida. Seres únicos, escasos, que solo se encuentran aquí, discretamente escondloxodesidos detrás de la capa invisible de su minúsculo tamaño: las lagunas de los Camorchos. Son un tesoro de vida, de biodiversidad, de formas, de evolución que nos transporta desde el origen de los tiempos hasta hoy en formas minúsculas y extraordinariamente bellas, toda la belleza de la vida se encuentra encerrada en cada una de sus gotas de agua ocupando menos espacio que el que ocupa la cabeza de un alfiler, sin embargo, cada uno de ellos nos transporta a un espacio fluido e euglenainfinito.

Una rápida mirada a cualquiera de sus gotas bajo la luz del microscopio descubre las joyas de este tesoro en el que cianobacterias como Anabaena, Gloeotrichia, Nostoc, Lyngbia o Synechococcus descansan sobre sus fondos formando filamentos o tapizan pequeños granos de arena mientras toman la luz del sol.

Lo hacen igual que las pleodorinaalgas verdes que dan un ligero tinte a estas aguas transparentes de la sierra y que como náufragos en su universo acuático se encienden con el amanecer, sobre la superficie, en el fondo, o entre dos aguas, allí Botryococcus braunii, Chlamydomonas, Gonium pectorale, Monoraphidum, Oocystis, Pleodorina, Quadrigula closteroides, Sphaerocystis schroeteri se mezclan en encuentros de una sola vez.

Entre ellas, salpican su transparencia con lunares verdes, estrellas y siluetas de sonrisa ustaurastrumn buen puñado de désmidos que alegran el agua como Closterium, Cosmarium circulare, Desmidium swartzii, Euastrum verrucosum, Gonatozygon brebbissonii , Onychonema filiforme, Pleurotaenium ehrenbergii, Staurastrum gracile, Staurastrum laeve, Staurastum alternum, Netrium digitus, entre rizos de Spirogyra, y los caminos de estrella que dejan los hilos de Zygnema.

Y mientras tanto, juguetean en el agua entre ellas, imitando a veces, los rizos en el aire de las hojas al caer, todas las algas emparenpleoxorustadas con las euglenas, a veces doradas, así es Astasia Klebsii, o verdes con su ojo de rubí como Euglena vulgaris , Monomorphyna pyrum, Peranema trichophorum, Petalomonas, Phacus acuminatus.

A veces sobrepasadas por viajes de asteroides titubeantes como los de algunas pardas dinofíceas que con Gymnodinium y algún pariente cercano parecen caer del cielo acuático como estrellas fugaces e indecisas.

Volvemos a mirplychaosar entre las algas y allí descubrimos, entre las selvas tupidas y las sabanas despejadas a los voraces Frontonia leucas , Lacrymaria olor, Loxodes gigas, o Stylonychia, todos ciliados de aspecto suave o fiero que esperan al acecho cualquier grumo que pueda servir como alimento.

Ya en los fondos silenciosos se oye un rumor de perezosas amebas de casa de vidriera o aquellas más atrevidas y que desnudas extienden sus largos brazos entre los copos qbotryococcusue cayeron en el lecho de la laguna por el que Arcella vulgaris, Difflugia acuminata , Difflugia lobostoma , Mayorella o Thecamoeba pasean explorando los laberintos entre granos de arena.

Gota de gigantes también en la que algún rotífero como Cephalodella o Microcodon, se columpian al paso veloz de algún gusanillo gastrotico como Chaetonotus. .

Y así, entre todo este festín de viurocentrumda y de movimiento, el lento y seguro navegar de las diatomeas, barquitos de cristal, llena el agua con el cuerpo de sus diminutas joyas labradas: Navicula, Neidium ampliatum y la de hoy Rhopalodia gibba que cierra la llave de cristal sin cerrarla a tanta vida en este cofre de tesoros, que tan solo en una gota de agua de los Camorchos sigue abierto.

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